En esta novela de Kawabata lo bello proviene de dos mujeres: la pintora Otoko y su discípula y amante Keiko; lo triste se relaciona también con una belleza lánguida, muy acorde con el tópico del romanticismo japonés que poseemos en occidente.
Cada una de estas dos mujeres pasea su belleza al lado de su tristeza, una tristeza proveniente de dos tragedias: la de Otoko, haberse enamorado cuando era joven de un escritor mucho mayor que ella, el señor Oki, casado y con familia, haber quedado embarazada y haber perdido a su hija en el parto y ser abandonada finalmente por su amante; la de Keiko, haberse enamorado de Otoko hasta obsesionarse con la idea de vengar a su amada primero en la persona del escritor y finalmente en la del hijo de este, el joven Taichiro. Sobre ese triángulo amoroso formado por Otoko, el señor Oki y Keiko, se extiende una reflexión estética acerca del tiempo que el autor compara con un río.
Pero más allá de la imagen fluida del río de Heráclito, Kawabata introduce una imagen con matices. El río simula el tiempo que se convierte en un flujo incesante para todos los hombres, y en este sentido, es común a todos ellos, pero el río de Kawabata no es regular; en un río la corriente fluye de manera diferente para todos; corre rápida en el centro y se estanca en la orilla y en muchos recodos a lo largo de su curso. Así sucede con los personajes del triángulo. Otoko quedó estancada emocionalmente en un recodo del río después del abandono del señor Oki, a quien el tiempo ha conducido hacia una especie de desembocadura en un viaje solo perturbado por unos pocos recuerdos. Keiko, sin embargo se enfrenta, trágicamente, a ese fluir, e intenta, una y otra vez, remontar el curso del tiempo. Esa es su venganza, una venganza de la que la propia Otoko huye aterrorizada. Otoko ha comprendido finalmente que su estancamiento no puede ser eterno, y que el sentido que ha de emprender, por cruel que fuera, es el de la corriente del tiempo que nos arrastra hasta la desembocadura.
La novela llena de un erotismo sutil, casi imperceptible en muchos momentos. El ritmo es bueno a pesar de una traducción que suena horrible, y una edición insoportable. Cabe imaginar que en una traducción más acertada la novela gane muchos enteros.
